Tema2. Las
islas en la zona costera
Las islas de nuestro pueblo incluyen algunas tan
conocidas como Chira y la Isla del Coco, pero no son las únicas. Hay unas
cincuenta a lo largo de los 1412km del rico y variado litoral, de muy diversa
naturaleza: unas
habitadas y otras no; algunas son rocosas, otras fangosas; unas se hallan en
los deltas de los principales ríos, otras son de carácter oceánico; a una de
ellas llegó el Navegante en 1502, otra sirvió de presidio por 40 años.
Son refugio
de aves, monos, iguanas, taltuzas, venados, liebres y profusos manglares;
langostas, pargos, lagartos, manatíes, gaspares y multiplicidad de peces de los
más variados colores habitan también en sus aguas adyacentes. Territorios unos
y otros que han dado paso al hombre y su familia en el mayor desorden por
ausencia de normas precisas y que consideren al ser humano un componente
integral del ecosistema marino costero. Este caos es reflejo natural de un mal
mayor, pues Costa Rica ha manejado históricamente la zona costera sin políticas
claras en beneficio de los sectores más desprotegidos de la costa.
Una visión integral y real de
la situación ecológica, económica y social del área es imprescindible, porque los efectos -actuales y
potenciales- de las actividades en las zonas adyacentes y en determinados
ecosistemas tienen efectos desastrosos. Por ello el desarrollo
isleño debe asentarse sobre el raigambre social de las comunidades, facilitar
la apropiación y el manejo responsable de los recursos marinos, impulsando
cuando sea posible el turismo rural ecológico.
De acuerdo a nuestro ordenamiento legal, las islas son
parte integral de la zona marítimo terrestre (pública) y solo pueden otorgarse
derechos sobre ellas por la Asamblea Legislativa (Ley 6043). Las
municipalidades y el MINAET no tienen facultades para hacerlo y bien lo
conocen. Así lo sucedido en el Golfo Dulce en el año 2009 cuando desde una isla
exportaban tiburones rellenos de cocaína, fue un síntoma que demuestra el mal
manejo de la zona costera: ¿Cómo es posible que se construya grandes edificios
visibles desde gran distancia y ninguna autoridad investigue tal construcción?
Se trataba de una casa de recreo con piscinas, en lo alto de una colina, con
dominio del horizonte, en una isla estatal y rodeada manglares protegidos por
convenios internacionales bajo tutela de las direcciones regionales del MINAET.
Por
ello no es de extrañar que ya en dos islas se construyen marinas, sin permiso
de la Asamblea Legislativa, pero con aval de la SETENA, el INVU y las
Municipalidades de Golfito y Limón; pues al igual que los narcos compraron la isla grande en US$300.000 a un
italiano (La Nación, 25.VI.09), así la mayor parte de ellas tienen dueño,
adquiridas en millones de dólares. Tan fácil como pedirlas por Internet a
empresas inmobiliarias en el mercado internacional, bajo precios imposibles
para los ticos, que seguimos siendo –paradójicamente- sus únicos dueños legales.
Y la Procuraduría General de la República encargada
-según la referida ley- de velar por su cumplimiento? ¡Bien muchas gracias!
-Andan apaleando a los verdaderos y desvalidos pescadores de las playas-.
Y no solo se compran las islas, se otorgan escrituras
públicas, inscritas formalmente en el Registro Público de la Propiedad (estudio
BID/1284/OC-CR, 2007). ¿Cómo lo hacen? ¿Bajo qué derecho? ¿O será que de nuevo
allí nadan los blancos tiburones?
Debemos reconocer que en nuestra zona costera el capital
abundante compra voluntades y conciencias, que las islas y playas se mueven en
el mercado internacional, sin que los ticos tomemos conciencia de que perdemos
la zona más valiosa que nos heredaron nuestros padres. Y que lo escrito en
leyes sobre manejo de los ambientes costeros, solo es letra muerta que a nadie
le preocupa cumplir.
sitios donde se venden islas de Costa Rica:
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