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jueves, 17 de abril de 2014

Energia mareomotriz enel Golfo de Nicoya

Cuando se habla de recursos marinos se piensa por excelencia en peces, manglares, chuchecas y langostas. Pero pocas veces se piensa que la promesa del océano va mucho más allá. Tal es el caso de un recurso poco conocido y mal entendido por los ingenieros continentales: la energía del mar.
Esta se puede aprovechar de varias formas: como una corriente eléctrica directa inducida en un par de semi-conductores sometidos a una diferencia térmica en dos masas de agua diferentes y próximas. Fenómeno antiguo que constituye una promesa para habitar en las nuevas ciudades marinas del siglo XXI. O bien algo más obvio como la energía de las olas, las cuales fácilmente levantan un buque tanque de 100.000 toneladas 3 o 4 metros de altura en 3 segundos, generando una potencia equivalente a las plantas hidroeléctricas del Arenal. En Europa desde mediados del siglo XX se aprovechan las mareas, represando mediante una exclusa ubicada a la entrada de un angosto canal, el agua que sube en la fase creciente, para convertir el reflujo estuarino en energía que mueve turbinas; al igual que lo hace el agua de una tubería que baja de una represa convencional. Tal es el proyecto hidroeléctrico en Rance (Canal de la Mancha, Francia), operando hace decenas de años. Pero también hay otros lugares privilegiados en el planeta como el Mar de Cortés y la bahía de Fundy, donde se dispone de 10 metros de diferencia de altura cada 12 horas.
Para el golfo de Nicoya existe una alternativa adicional, que consiste en utilizar el intenso caudal de marea, confinado en el estrecho canal entre islas Negritos, el cual muestra además facilidades geomorfológicas adecuadas para instalar el equipo requerido. En la margen occidental del Golfo de Nicoya la intensa corriente en el fondo, no permite que se deposite el sedimento y su textura rocosa, permite el anclaje de los ejes de las turbinas giratorias a una profundidad ideal entre 15 y 20 metros. En ambas fases de marea, durante 20 horas al día, se tienen flujos que superan el mínimo crítico requerido para un rendimiento satisfactorio, a lo ancho de 1500 metros del canal. Las paredes rocosas de la Península y de las islas, permiten instalar el puente de control y los tensores de las turbinas.
Este tipo de aprovechamiento mareomotriz se logra desde mediados del siglo XX en la costa inglesa y en el Mar del Norte. Hoy la mejorada tecnología permite instalar en los pasajes de las Islas Negritos unas 20 turbinas en paralelo, generando cada una entre 5 y 8 Megavatios.
Su impacto ambiental es mínimo, pues no requiere represa ni transformación drástica del ambiente. El agua no se extrae ni se contamina térmica o químicamente, pues esta solo transfiere su energía cinética a los álabes de las turbinas. Ventajas adicionales son las facilidades de acceso al complejo, las cuales pueden incluir paraderos turísticos en las rocosas islas, o bien giras educativas para las nuevas generaciones.
Pero de lo más importante es conocer que una planta de este tipo podría atender las necesidades energéticas para el desarrollo de la Península de Nicoya, generar empleo directo para unas cien personas e indirecto para muchas más.
La energía mareomotriz tiene la enorme ventaja de que su potencial no se afecta por sequías o por el asolvamiento con las inundaciones. Su génesis solo depende de la interacción gravitacional entre la Tierra, la Luna y el Sol. Por lo tanto, desde la perspectiva humana es una fuente inagotable, permanente, constante y armoniosa con la naturaleza.

Turbina de una planta mareomotriz en la costa inglesa.



Ministerio del Mar (MIDEMAR)



De acuerdo con los arts. 5 y 6 de la Constitución Política, Costa Rica es el país más grande y con los mayores recursos naturales de América Central: 51.100km2 de continente (8%) + 589,682km2de mar (92%) = 640.782km2. Unas tres veces la extensión total de Nicaragua y dos veces Honduras, otrora los hermanos mayores de la Región. Merced a la presencia de la Isla del Coco (uno de los once volcanes submarinos nuestros); a partir de la cual se extiende Costa Rica 200millas náuticas adicionales (370km) desde ese punto, situado ya a 549km de Puntarenas.  Por ello la cobertura oceánica alcanza el 92% del territorio, lo cual basta para justificar la existencia de un Ministerio del Mar.
La historia inicia en los años 50´s del siglo anterior cuando por interés de aprovechar el atún de nuestras aguas, las universidades norteamericanas y la CIAT inician la investigación sistemática de nuestras riquezas marinas y del piso oceánico asociado. Hasta hoy se han invertido centenas de millones de dólares por EEUU, Alemania, Francia, México, Japón, entre otros; para llevar a cabo investigaciones que nuestro gobierno no ha utilizado para planificar el desarrollo nacional. Pero al menos esta estratégica información puede ser utilizada para definir los rasgos sobresalientes de nuestro piso oceánico:
1.    La gran planicie abisal del norte (color azul y café), la cual cubre un área cercana a 185.215km2, o sea casi cuatro veces el territorio nacional continental. Sobre esta superficie se produce de forma permanente el exclusivo fenómeno de domización, que constituye un oasis biológico que se extiende hasta 500 millas a la redonda (que ahora los nicas reclaman como suyo); el cual a su vez ha generado enormes depósitos de hidratos de metano y petróleo; cuya reserva podría soportar las necesidades de energía de América Central por 350 años.
2.    La Trinchera Mesoamericana que se origina en el sur de México y corre paralela al litoral Pacífico de América Central hasta la altura de Quepos (color azul oscuro). En nuestro territorio forma un cañón submarino angosto de 18km de ancho y 360km de largo, alcanzando los 4500m de profundidad. Las paredes orientales constituyen el talud continental, donde los sedimentos depositados por cientos de años tienen el potencial de generar maremotos sobre las ciudades costeras.
3.    La Cordillera Cocos, la mayor y más alta del país, con al menos 15 montañas submarinas, dos grandes mesetas y varios cañones importantes (color rojizo). Tiene una extensión de 950km sobre el territorio nacional y un ancho medio de 270km. Prospecciones preliminares indican amplios yacimientos de gas natural y vastas reservas de minerales valiosos. Dentro de ellos el gas natural es un elemento estratégico, pues nuestras reservas representan el equivalente de suplir las necesidades de energía de Alemania por 15 años –tal como afirmaron científicos alemanes de la GTZ en la prospección llevada a cabo entre 1996 y 2005-.
4.    La plataforma continental frente a la península de Nicoya de unos 12.000 km2 de área, pletórica de nódulos polimetálicos, fundamentales en la industria moderna (color blanco, señalada).
5.     Reservas de energía mareomotriz en sitios privilegiados hacia la boca del golfo de Nicoya, indican un potencial entre 25 y 50 megavatios de potencia, incorporables al sistema nacional interconectado de energía eléctrica, generando empleo directo para unas 1200 personas en áreas costeras deprimidas socialmente.
6.    Altos potenciales de energía eléctrica por diferenciales térmicos se establecen entre los cañones de la Trinchera Mesoamericana y la plataforma continental, a tan solo 15mn del litoral. Agreguemos a ello el potencial de un oleaje severo, que alcanza frecuentemente entre 8 y 12 pies de altura en varios sitios abiertos del litoral pacífico, que bien podrían generar la energía que requieren los modernos complejos turísticos en sus fronteras.
La extensión y variedad morfológica de nuestro territorio, sucintamente señalada, nos muestra que la educación formal ha fallado en la enseñanza de la correcta y verdadera geografía física en que se asienta nuestra identidad territorial. Pero ello no es razón para dejar de lado el establecer un Ministerio del Mar que abra los surcos de un desarrollo novedoso. Ya contamos con JAPDEVA, INCOP, INCOPESCA, Direcciones de Obras Portuarias y Transporte Marino, Servicio Nacional de Guardacostas, entre otros. A lo cual se deben agregarse dosis adecuadas de visión del futuro y política sana.
Ya el país cuenta con unos 200 profesionales en ciencias marinas y cinco institutos de investigación, dispersos y sin articulación por falta de políticas orientadoras. Por ello tienen aquí los nuevos diputados la oportunidad de ponerse una flor en el ojal y dejando divisiones internas, aunar voluntades y pasar a la historia del Siglo XXI. Y desde luego, no menos mérito tendría el Poder Ejecutivo de propiciar esta alternativa.  Su preámbulo sería:  
1.      Nuestro país tiene 590.000 km2 de territorio marino, el cual representa once veces su área continental. Posee 1.400km de línea litoral, con presencia de bahías, estuarios, marismas, manglares, playas, riscos y ensenadas. Una cordillera submarina de 1.000 kilómetros de largo, que nace como una prolongación de la Península de Osa y llega hasta el borde a las islas Galápagos. Esta cordillera posee una decena de picos montañosos cuyas dimensiones son mayores a las del Chirripó, uno de los cuales es el volcán submarino Isla del Coco.  Todos ellos al alcanzan grandes alturas sobre el piso marino, constituyen reservas biológicas únicas del Planeta, los cuales deben constituirse en un sistema nacional de parques y reservas oceánicas. Sobre esta cordillera marina circulan las corrientes ecuatoriales que son causa de la surgencia oceánica que produce la riqueza pesquera en especies demersales y pelágicas. Disponemos de una plataforma continental frente a la Península de Nicoya de 10.500 km2 de superficie, equivalente a toda la provincia de Alajuela, con yacimientos de níquel, manganeso, hierro y cadmio. Somos dueños de un fenómeno natural de surgencia oceánica en el Océano Pacífico llamado “Domo Térmico”, con una superficie que alcanza los 160.000km2. además de otros fenómenos de gran riqueza pesquera, tal como el denominado afloramiento marino de Papagayo. Este fenómeno se acopla al Domo Térmico aumentando su biodiversidad marina, incluyendo millones de microorganismos hasta grandes mamíferos y peces de valor comercial, entre los que se cuentan ballenas, delfines, atunes, dorados, velas, marlines, entre otros. Que todos estos fenómenos propician la abundancia de microorganismos vegetales que juegan un papel extraordinario en la absorción y transformación del dióxido de carbono proveniente de países industrializados.
2.      Cuando nuestros recursos agropecuarios y forestales están siendo diezmados, cuando existe una contaminación de ríos alarmante; resulta obvio que debemos volver la mirada hacia los amplios recursos marinos como fuente de alimento y de producción para mejorar nuestra calidad de vida.
3.      Paradójicamente ante esta enorme riqueza, la población costera se caracteriza por tener altos niveles de pobreza y una secuela grave de problemas sociales.
Limón, Guanacaste y Puntarenas han sido tradicionalmente las áreas costeras consideradas focos de tensión social; y en los últimos años se ha alojado allí una vasta población que emigra del agro.
4.      Las comunidades de la costa, las fuentes de energía asociadas al mar, las áreas marinas y los ecosistemas asociados han carecido de importancia histórica para el desarrollo de nuestro país.
5.      Ha llegado el momento de dar un paso adelante y establecer como eje nacional del desarrollo marino el MINISTERIO PARA EL DESARROLLO MARINO  a fin de que impulse el desarrollo de las comunidades de la costa, vele por el desarrollo y el aprovechamiento racional de los recursos marinos, impulse el desarrollo de alternativas energéticas marinas, proyecte el transporte marítimo como vehículo de desarrollo, impulse la pesca de altura, el turismo sostenible costero, el sostenimiento de especies marinas, el desarrollo de áreas protegidas marinas, la educación marina y el establecimiento  de acuarios y parques marinos, entre otros.


Mapa del relieve del piso oceánico de Costa Rica, producto de decenas de cruceros de investigación científica de países interesados en conocer nuestras riquezas. En los bordes se indican coordenadas geográficas y profundidades según código de colores.

martes, 15 de abril de 2014

Niños de mangle



Islita es comunidad costera de 15 familias que habitan en estado de pobreza la isla más pequeña del Golfo de Nicoya, con algo más de 2 hectáreas de extensión. Sus pobladores son inmigrantes de diversas comunidades guanacastecas, quienes otrora fueron los dueños de la costa tica.
Islita es comunidad de mujeres y hombres valientes, donde las comodidades usuales del resto del país no han llegado: ni agua potable, ni electricidad y el médico… dos veces al año. Solo Dios es su compañero inseparable en la ñanga y el guardián de los partos entre raíces y pangas, al igual que lo hacen mapaches e iguanas.   
No obstante los logros obtenidos en infraestructura por la Pastoral de Pescadores de la Iglesia Católica, las tierras bajas de la isla iniciarán su inundación definitiva en pocos años, proceso que culminará con la desaparición total de la ínsula en cinco lustros, al tiempo que la Ciudad de Puntarenas se convertirá en una isla más del mismo golfo.
Y es que ningún ecosistema como el marino-costero, revela las consecuencias del progreso humano desordenado e insostenible; donde las comunidades de la costa en los países tropicales serán el primer rostro visible de las migraciones humanas a tierras altas en el nuevo milenio.  
En Islita los hombres pescan en el estuario; mientras mujeres y niños extraen las pianguas entre las raíces del manglar. Ellas notarán gradualmente como aquel sustento será imposible extraerlo, pues la marea alta será permanente, ahogando su vital ingreso. Pero todos serán espectadores de la desaparición de sus ranchos ante las olas cada invierno, para reconstruirlos de nuevo y trasladar sus oxidados techos a un espacio vital comunitario cada día más estrecho…son las víctimas inocentes del Cambio Climático; quienes no comprenden el origen del fenómeno socio ambiental, pero guardarán el dolor de ver partir a sus hijos al subir de la marea.  
Uno de los responsables de fondo de esta agresión a nuestros humildes hermanos, lo identifica el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, ONU, galardonado en el 2007 con el Premio Nobel, quien identifica por su cuantía los países que mejor contribuyen a este fenómeno: Estados Unidos, Europa, China, Rusia, Japón e India.  No obstante, ninguno de ellos desea conocer con detalle a quienes como consecuencia de su riqueza material de hoy, perderán hogares, familia y sustento diario.
Es la comunidad más expuesta al calentamiento global en Costa Rica, pues solo 40cm de arena en la berma estacional la separan del oleaje extremo de tormenta. Situación que en pocos años no será impedimento para que sus humildes hogares sean barridos como consecuencia del voraz consumo de energía por los países ricos. ¿Y qué hay de las convenciones internacionales y del principio jurídico de quien contamina paga?... Explíqueselo Ud. a ellos… Esta es la tragedia de Islita, la primera comunidad centroamericana que desaparecerá producto del enriquecimiento desordenado de sociedades lejanas, de extraña lengua y actitud despreocupada; un sector privilegiado de nuestra misma especie que irresponsablemente daña el único ecosistema habitable en el universo inmediato.
Esta es la cruda realidad de nuestras comunidades costeras, aquellas que olvidaron cuando recién aprobaron la nueva Ley sobre Cambio Climático; pues los desposeídos y los hermanos sin voz política, siguen siendo los marginados de las decisiones que “se toman en San José”.

Niños de mangle:
Como parte de su rutina diaria, los niños más pequeños acompañan a sus madres al manglar, fuente esencial en su economía de subsistencia. El manglar proporciona pianguas y almejas en sus raíces, es refugio donde desovan los peces que luego emigran al gran estuario y brinda protección natural ante las mareas fuertes y las avenidas violentas de los ríos en invierno. Para los niños representa su patio de juego pues entre el fango pegajoso y las candelas del mangle hallan diversión.







Caribe y no Atlántico



Es frecuente escuchar por la radio y ver en la televisión, como periodistas y jerarcas de las instituciones aluden a la masa de agua oceánica allende de nuestras costas orientales con el nombre erróneo de El Atlántico o Costa Atlántica; refiriéndose a las tierras bajas al este de la cordillera que atraviesa la región del noroeste al sureste. Nada más equivocado desde el punto de vista geográfico. Este error se ha legalizado en los países centroamericanos, al denominar territorios e instituciones públicas con el adjetivo de atlánticas. Por ello técnicamente y jurídicamente el litoral Caribe de nuestra región no está cubierto por algunas leyes comunes. Por ello como profesional en ciencias marinas, es mi deseo insistir en este asunto y desde luego, dar razones de fondo. Veamos algunas:
  • Las características físicas y químicas de cada cuerpo de agua oceánico, constituyen la firma que lo identifica científicamente, lo cual permite identificar sus aguas de forma universal y sin ambigüedades. Así la estructura físico química de sus aguas, las corrientes marinas propias y el régimen de intercambio de calor con la atmósfera cercana; son procesos únicos que le dan carácter propio al Mar Caribe diferenciándolo muy bien del Océano Atlántico.
  • Estas características y diferencias oceanográficas se han puesto de manifiesto décadas atrás cuando las Naciones Unidas promovieron investigaciones y publicaciones (a través de IOCARIBE[1]), en las cuales se dejaron establecidos a nivel internacional los rasgos ambientales que caracterizan este cuerpo de agua.
  • Cuba y Puerto Rico son ejemplos de pueblos caribeños que si tienen costas en ambos litorales. Y esta diferencia entre las aguas que bañan una y otra costa es tan nítida para sus pobladores, que en su legislación nacional distingue explícitamente ambos litorales. Y sus pueblos conocen bien que la fauna, las aguas y las mareas en ambos son diferentes, aunque cercanos se encuentren.
  • El gran físico Isaac Newton en 1687 y luego el matemático Laplace en 1776, encontraron que la forma de la cuenca marina que contiene las aguas, incluyendo sus profundidades, en combinación con la atracción gravitacional de los astros cercanos, es causa y es diferencia entre las diversas mareas en los océanos del Planeta. Actualmente conocemos que la forma de las cuencas que contienen al mar caribe y al Océano Atlántico son tan grandes, que originan mareas diferenciadas. El Caribe tiene amplitudes que oscilan entre 20 y 45 centímetros de alto y su frecuencia es diurna. Esto es, el nivel del mar sube o baja cada 24 horas, pues responde más a la atracción gravitacional del Sol. Mientras que el Atlántico tiene amplitudes entre 100 y 400 centímetros, con una marea semidiurna de 12 horas de período, respondiendo a la atracción gravitacional de la Luna.

Por lo tanto la ciencia y la técnica indican que el Mar Caribe no es ni parte del Océano Atlántico ni una denominación válida para este. Como tampoco lo es en su ámbito Mar Mediterráneo para aquel unido al Océano Atlántico por Gibraltar, tal como fue establecido siglos atrás por griegos, romanos y árabes. El nuestro también es sencillamente un mar entre islas e istmos, un verdadero mediterráneo americano -in medias terra-.
Origen del “error”: durante la conquista europea el Mar Caribe fue denominado como la Mar del Norte, por cuanto los navegantes españoles tenían claro que aquel no era el Océano Atlántico. Atrevidos navegantes que habían percibido apropiadamente que al penetrar las Antillas las mareas que regían sus maniobras de atraque, así como las propiedades del ecosistema marino que regulaba las nuevas variedades de peces, eran diferentes. Posteriormente durante la colonia es llamado Mar de las Antillas. O sea, de nuevo se utiliza la palabra mar y no océano.
En razón de los intereses de las grandes potencias de la época por dominar el canal interoceánico centroamericano, en el siglo XIX se acuña el término atlántico como parte de la estrategia para dar por sentado los derechos de Inglaterra como protectora del reinado de la Mosquitia, el cual se extendía desde Belice hasta Bocas del Toro, asegurando con ello el acceso al río San Juan y al Lago de Nicaragua[2]. La mayor potencia de la época arremete con su flemática y poderosa diplomacia para popularizar este término, pasando al olvido la vieja denominación española. De esta nomenclatura hace eco Estados Unidos, el cual por las mismas razones acentúan el término erróneo a través del tratado Clayton-Bulwer (10 de abril, 1850), mediante el cual se reparten las costas caribeñas centroamericanas. Tratado estratégico para los intereses norteamericanos durante la Gesta Centroamericana de 1856-1857, que les permite asegurar su dominio en territorios centroamericanos al margen de los gobiernos nacionales.  
Desde entonces por influencia de esas culturas nuestras autoridades se vuelven complacientes con el término, lo cual es aplaudido por la oligarquía de la época a quienes les cayó muy bien el término pues se honraban de que su país compartiera aguas y costas con aquellas naciones de ultramar de donde provenían los hidalgos que habían traído la cultura hasta estas tierras.  
En los primeros años del siglo XX celebramos acuerdos financieros y de desarrollo de la vertiente atlántica, entregando nuestra soberanía en aquellos territorios a la Standard Fruit Co.  y a la Northen Railway Co. entre otras transnacionales, las cuales continúan utilizando este término para beneficio de sus intereses económicos. Mismo que promueven y logran integrar a la legislación y cultura nacional durante ese siglo.

La población que habita nuestro litoral oriental, es una mezcla afrocaribeña y no blanca -o atlántica-. Esta es otra razón histórica forzada para confundir a propósito los términos, negando una realidad étnica la cual es orgullo de nuestros pueblos. Los compatriotas del Caribe merecen que las tierras que los vieron nacer lleven el nombre apropiado, derivado de una etnia amerindígena que si tiene raíces propias. 
En otra dimensión cultural y a la luz de nuestra cultura post-indígena, el uso del término erróneo es otra indicación de la ausencia de una cultura marina en nuestro pueblo, la cual quedó perdida entre los valles y montañas que dominaron nuestra nacionalidad colonial, borrando una herencia autóctona que sostenía valores diferentes, tal como se ha demostrado por los conocimientos avanzados en manejo de recursos costeros que tenían nuestros pueblos originarios entre los años 1200-1550D.C. [3].
En conclusión, es un hecho científico que América Central no tiene costa en el Océano Atlántico. Solo en el Mar Caribe. Y por lo tanto la vertiente, el litoral, las aguas marinas, las instituciones y las leyes, deben referirse explícitamente al Caribe. E igualmente los programas de estudio, los textos, los educadores y los periodistas debieran utilizar el término correcto y no hacer eco de una vieja política imperialista pasada de moda.  
Mantener el término erróneo en nuestros días es ignorar lo que la ciencia señala. Pero lo más grave es reiterar negaciones étnicas que avergonzaron a nuestros antepasados. 

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Los Caribes: eran grupos de amerindios que vivían desde la desembocadura del Orinoco hasta las Antillas Mayores. Actualmente se ubican en las Guyanas y Belice.  A ellos se deben términos como canoa, hamaca, tabaco, cacique, bohío y guajiro. Eran un pueblo bilingüe y de vocación marítima. Se ha documentado que alrededor del año 1400 comerciaban con los pueblos de América Central trasladándose en grandes canoas de hasta 25 pasajeros. Desde el punto de vista cultural, utilizar su nombre para denominar el ecosistema marino de que fueron dueños es un acierto histórico[4].  


En este mapa de 1775 de la marina inglesa, puede notarse como se utliza una correcta denominacion para el Mar Caribe, lo cual demuestra la doble intención de engatuzar a los políticos de turno en América Central. Fuente: The Royal Navy Society.

[1] http://www.gosic.org/goos/IOCARIBE_program_overview.htm
[2] Ricardo Fernández-Guardia, 1975. Reseña Histórica de Talamanca, pp. 204-207.
[3] Entre otros, Los petroglifos del Diquís: primer mapa de recursos naturales. Quirós.G.E. 2004.
[4] http://tcardinez.tripod.com/caribvibes/amerindians.htm