Es frecuente escuchar por la radio y
ver en la televisión, como periodistas y jerarcas de las instituciones aluden a
la masa de agua oceánica allende de nuestras costas orientales con el nombre
erróneo de El Atlántico o Costa Atlántica; refiriéndose a las
tierras bajas al este de la cordillera que atraviesa la región del noroeste al
sureste. Nada más equivocado desde el punto de vista geográfico. Este error se
ha legalizado en los países centroamericanos, al denominar territorios e
instituciones públicas con el adjetivo de
atlánticas. Por ello técnicamente y jurídicamente el litoral Caribe de
nuestra región no está cubierto por algunas leyes comunes. Por ello como
profesional en ciencias marinas, es mi deseo insistir en este asunto y desde
luego, dar razones de fondo. Veamos algunas:
- Las características físicas y químicas de cada cuerpo de agua oceánico, constituyen la firma que lo identifica científicamente, lo cual permite identificar sus aguas de forma universal y sin ambigüedades. Así la estructura físico química de sus aguas, las corrientes marinas propias y el régimen de intercambio de calor con la atmósfera cercana; son procesos únicos que le dan carácter propio al Mar Caribe diferenciándolo muy bien del Océano Atlántico.
- Estas características y diferencias oceanográficas se han puesto de manifiesto décadas atrás cuando las Naciones Unidas promovieron investigaciones y publicaciones (a través de IOCARIBE[1]), en las cuales se dejaron establecidos a nivel internacional los rasgos ambientales que caracterizan este cuerpo de agua.
- Cuba y Puerto Rico son ejemplos de pueblos caribeños que si tienen costas en ambos litorales. Y esta diferencia entre las aguas que bañan una y otra costa es tan nítida para sus pobladores, que en su legislación nacional distingue explícitamente ambos litorales. Y sus pueblos conocen bien que la fauna, las aguas y las mareas en ambos son diferentes, aunque cercanos se encuentren.
- El gran físico Isaac Newton en 1687 y luego el matemático Laplace en 1776, encontraron que la forma de la cuenca marina que contiene las aguas, incluyendo sus profundidades, en combinación con la atracción gravitacional de los astros cercanos, es causa y es diferencia entre las diversas mareas en los océanos del Planeta. Actualmente conocemos que la forma de las cuencas que contienen al mar caribe y al Océano Atlántico son tan grandes, que originan mareas diferenciadas. El Caribe tiene amplitudes que oscilan entre 20 y 45 centímetros de alto y su frecuencia es diurna. Esto es, el nivel del mar sube o baja cada 24 horas, pues responde más a la atracción gravitacional del Sol. Mientras que el Atlántico tiene amplitudes entre 100 y 400 centímetros, con una marea semidiurna de 12 horas de período, respondiendo a la atracción gravitacional de la Luna.
Por lo tanto la ciencia y la técnica
indican que el Mar Caribe no es ni
parte del Océano Atlántico ni una denominación válida para este. Como tampoco
lo es en su ámbito Mar Mediterráneo
para aquel unido al Océano Atlántico por Gibraltar, tal como fue establecido
siglos atrás por griegos, romanos y árabes. El nuestro también es sencillamente
un mar entre islas e istmos, un verdadero mediterráneo americano -in medias
terra-.
Origen del “error”: durante la conquista europea el Mar Caribe
fue denominado como la Mar del Norte, por cuanto los navegantes
españoles tenían claro que aquel no era el Océano Atlántico. Atrevidos
navegantes que habían percibido apropiadamente que al penetrar las Antillas las
mareas que regían sus maniobras de atraque, así como las propiedades del
ecosistema marino que regulaba las nuevas variedades de peces, eran diferentes.
Posteriormente durante la colonia es llamado Mar de las Antillas. O sea, de nuevo se utiliza la palabra mar y no océano.
En razón de los intereses de las
grandes potencias de la época por dominar el canal interoceánico centroamericano,
en el siglo XIX se acuña el término atlántico
como parte de la estrategia para dar por sentado los derechos de Inglaterra
como protectora del reinado de la Mosquitia, el cual se
extendía desde Belice hasta Bocas del Toro, asegurando con ello el acceso al
río San Juan y al Lago de Nicaragua[2].
La mayor potencia de la época arremete con su flemática y poderosa diplomacia
para popularizar este término, pasando al olvido la vieja denominación
española. De esta nomenclatura hace eco Estados Unidos, el cual por las mismas
razones acentúan el término erróneo a través del tratado Clayton-Bulwer (10 de
abril, 1850), mediante el cual se reparten las costas caribeñas
centroamericanas. Tratado estratégico para los intereses norteamericanos
durante la Gesta
Centroamericana de 1856-1857, que les permite asegurar su
dominio en territorios centroamericanos al margen de los gobiernos nacionales.
Desde entonces por influencia de esas
culturas nuestras autoridades se vuelven complacientes con el término, lo cual
es aplaudido por la oligarquía de la época a quienes les cayó muy bien el
término pues se honraban de que su país compartiera aguas y costas con aquellas
naciones de ultramar de donde provenían los
hidalgos que habían traído la cultura hasta estas tierras.
En los primeros años del siglo XX
celebramos acuerdos financieros y de desarrollo de la vertiente atlántica, entregando nuestra soberanía en aquellos
territorios a la Standard Fruit Co. y a la Northen Railway
Co. entre otras transnacionales, las cuales continúan
utilizando este término para beneficio de sus intereses económicos. Mismo que
promueven y logran integrar a la legislación y cultura nacional durante ese
siglo.
La población que habita nuestro
litoral oriental, es una mezcla afrocaribeña y no blanca -o atlántica-.
Esta es otra razón histórica forzada para confundir a propósito los términos,
negando una realidad étnica la cual es orgullo de nuestros pueblos. Los compatriotas
del Caribe merecen que las tierras que los vieron nacer lleven el nombre
apropiado, derivado de una etnia amerindígena que si tiene raíces propias.
En otra dimensión cultural y a la luz
de nuestra cultura post-indígena, el uso del término erróneo es otra indicación
de la ausencia de una cultura marina en nuestro pueblo, la cual quedó
perdida entre los valles y montañas que dominaron nuestra nacionalidad
colonial, borrando una herencia autóctona que sostenía valores diferentes, tal
como se ha demostrado por los conocimientos avanzados en manejo de recursos
costeros que tenían nuestros pueblos originarios entre los años 1200-1550D.C. [3].
En conclusión, es un hecho científico que América Central no tiene costa en
el Océano Atlántico. Solo en el Mar
Caribe. Y por lo tanto la vertiente, el litoral, las aguas marinas, las
instituciones y las leyes, deben referirse explícitamente al Caribe. E
igualmente los programas de estudio, los textos, los educadores y los
periodistas debieran utilizar el término correcto y no hacer eco de una vieja
política imperialista pasada de moda.
Mantener el término erróneo en
nuestros días es ignorar lo que
la ciencia señala. Pero lo más grave es reiterar negaciones étnicas que
avergonzaron a nuestros antepasados.
_______________
Los Caribes: eran grupos de amerindios que vivían desde
la desembocadura del Orinoco hasta las Antillas Mayores. Actualmente se ubican
en las Guyanas y Belice. A ellos se
deben términos como canoa, hamaca, tabaco, cacique, bohío y guajiro. Eran un
pueblo bilingüe y de vocación marítima. Se ha documentado que alrededor del año
1400 comerciaban con los pueblos de América Central trasladándose en grandes
canoas de hasta 25 pasajeros. Desde el punto de vista cultural, utilizar su
nombre para denominar el ecosistema marino de que fueron dueños es un acierto
histórico[4].
En este mapa de 1775 de la marina inglesa, puede notarse como se utliza una correcta denominacion para el Mar Caribe, lo cual demuestra la doble intención de engatuzar a los políticos de turno en América Central. Fuente: The Royal Navy Society.
[1] http://www.gosic.org/goos/IOCARIBE_program_overview.htm

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