Tema3. Playas contaminadas
Con poca
frecuencia se pone de manifiesto la contaminación fecal en las playas
nacionales. Algunos pálidos reportajes solo muestran la contaminación
superficial en ríos y riachuelos, pero dejan de lado lo grueso. Por ejemplo, usted
puede identificar en las arenas contaminadas la materia fecal mediante manchas de
color café suave y bombitas como de jabón. Son producto de los tanques
sépticos, un medio para acumular las excretas que puede funcionar en tierra,
pero que no funciona del todo a una distancia menor de 250m de la playa, donde
el sustrato arenoso se halla a centímetros debajo de la superficie, aunque
usted por encima vea pasto o tierra. Así las aguas negras de toda índole, bajan
por gravedad en el suelo poroso hasta la playa y no solo en la superficie, lo
hacen hasta varios metros de profundidad, justo en la frontera donde la playa
se sumerge en el piso del mar. En esta frontera se produce un intercambio de
flujos que marca un balance importante en nutrientes naturales para los
ecosistemas marinos del litoral, pero donde la introducción de contaminantes degrada
el ambiente inexorablemente.
Y en nuestro
país hay un divorcio absoluto entre el manejo responsable de aguas negras y la
extensión del área pública donde se impide construir, pues esta solo tiene en
el mejor de los casos, un ancho máximo de 50 metros. Distancia que favorece la
construcción de hoteles y casas a una distancia donde irremediablemente las
excretas irán a dar a la playa inmediata, como es evidente en las temporadas
altas sobre nuestro litoral.
Una vez que
los contaminantes llegan al litoral, son trasladados fácilmente por las
corrientes marinas y el viento, para recorrer de 20 a 40km por día. Por ello dudamos
de las bondades del programa Bandera Azul, pues no consideran estas variables
dinámicas fundamentales. Y así lo hemos constatado en varias localidades
ribereñas. Solo a través de un monitoreo periódico en aguas marinas y
submarinas, podremos conocer con certeza si las aguas de determinada playa no tienen
el potencial para enfermar a nuestros hijos y dañar la vida de los organismos
marinos.
Para vigilar
la salud de su familia, debe tener presente que las aguas cloacales son
portadoras de bacterias entéricas, como por ejemplo Escherichia coli. Una cepa
de ella produce una potente toxina que es responsable de severas diarreas y
puede llevar al síndrome urémico hemolítico, que puede afectar seriamente a los
niños y ancianos. Además hay otros microorganismos altamente peligrosos para la
salud, los cuales generan trastornos que van desde fiebre, debilidad, náuseas,
retortijones, vómitos y calambres, hasta enfermedades entéricas y pulmonares
graves, como por ejemplo: diarreas, shigelosis, fiebre tifoidea, leptospirosis
y cólera. Estas aguas negras pueden servir para la transmisión de diversos
virus: Virus de la Hepatitis A, Adenovirus, Rotavirus, Norwalk, Enterovirus;
agentes de afecciones intestinales y una cepa de éste último es el responsable
de la poliomielitis. Pueden encontrase asimismo hongos causantes de diversas enfermedades
que afectan a los seres humanos y animales, con dolencias que van desde cuadros
de tipo alérgico (broncopulmonares y sinusitis), hasta infecciones
generalizadas como meningitis que ponen en riesgo la vida de las
personas.
Pueden encontrase asimismo hongos
causantes de diversas enfermedades que afectan a los seres humanos y animales, con
dolencias que van desde cuadros de tipo alérgico (broncopulmonares y
sinusitis), hasta infecciones generalizadas que ponen en riesgo la vida de las
personas que sufren alteraciones del sistema inmunológico.
Si bien la absorción de estos
microorganismos a través de la piel es poco probable, puede darse cuando ésta
se encuentra dañada previamente por cortes, raspones, pinchazos o quemaduras.
Las membranas mucosas de nariz y ojos también proveen una vía de entrada.
Para la fauna y la flora marinas las aguas
servidas aportan además de los agentes infecciosos mencionados, cantidades
importantes de materia orgánica, fósforo y nitrógeno, que producen mareas rojas
en zonas en que el agua tiene circulación lenta. En consecuencia, decrece la
concentración de oxígeno en el agua y se produce la mortalidad de las especies
de la fauna acuática.
La empresa turística y las autoridades
estatales encargadas del sector, no pueden obviar que la salud de nuestro
pueblo es un bien superior, que está por encima de las utilidades financieras momentáneas.
Muchas de las secuelas de estas enfermedades, tiene altos costos para la salud
pública que se paga con creces. Por ello
urge replantear la extensión de la zona marítimo terrestre y ordenar la
construcción sobre el litoral, pues los daños a la salud que estamos enfrentando
deben ser crecientes, considerando el aumento de viviendas, facilidades hoteleras
y turistas sobre nuestras playas.
Por ello hacemos un llamado al turista
criollo: cuando escoja la playa de su paseo, observe, exija y tome las
previsiones del caso.

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