Esta se puede aprovechar de varias formas: como una corriente eléctrica directa inducida en un par de semi-conductores sometidos a una diferencia térmica en dos masas de agua diferentes y próximas. Fenómeno antiguo que constituye una promesa para habitar en las nuevas ciudades marinas del siglo XXI. O bien algo más obvio como la energía de las olas, las cuales fácilmente levantan un buque tanque de 100.000 toneladas 3 o 4 metros de altura en 3 segundos, generando una potencia equivalente a las plantas hidroeléctricas del Arenal. En Europa desde mediados del siglo XX se aprovechan las mareas, represando mediante una exclusa ubicada a la entrada de un angosto canal, el agua que sube en la fase creciente, para convertir el reflujo estuarino en energía que mueve turbinas; al igual que lo hace el agua de una tubería que baja de una represa convencional. Tal es el proyecto hidroeléctrico en Rance (Canal de la Mancha, Francia), operando hace decenas de años. Pero también hay otros lugares privilegiados en el planeta como el Mar de Cortés y la bahía de Fundy, donde se dispone de 10 metros de diferencia de altura cada 12 horas.
Para el golfo de Nicoya existe una alternativa adicional, que consiste en utilizar el intenso caudal de marea, confinado en el estrecho canal entre islas Negritos, el cual muestra además facilidades geomorfológicas adecuadas para instalar el equipo requerido. En la margen occidental del Golfo de Nicoya la intensa corriente en el fondo, no permite que se deposite el sedimento y su textura rocosa, permite el anclaje de los ejes de las turbinas giratorias a una profundidad ideal entre 15 y 20 metros. En ambas fases de marea, durante 20 horas al día, se tienen flujos que superan el mínimo crítico requerido para un rendimiento satisfactorio, a lo ancho de 1500 metros del canal. Las paredes rocosas de la Península y de las islas, permiten instalar el puente de control y los tensores de las turbinas.
Este tipo de aprovechamiento mareomotriz se logra desde mediados del siglo XX en la costa inglesa y en el Mar del Norte. Hoy la mejorada tecnología permite instalar en los pasajes de las Islas Negritos unas 20 turbinas en paralelo, generando cada una entre 5 y 8 Megavatios.
Su impacto ambiental es mínimo, pues no requiere represa ni transformación drástica del ambiente. El agua no se extrae ni se contamina térmica o químicamente, pues esta solo transfiere su energía cinética a los álabes de las turbinas. Ventajas adicionales son las facilidades de acceso al complejo, las cuales pueden incluir paraderos turísticos en las rocosas islas, o bien giras educativas para las nuevas generaciones.
Pero de lo más importante es conocer que una planta de este tipo podría atender las necesidades energéticas para el desarrollo de la Península de Nicoya, generar empleo directo para unas cien personas e indirecto para muchas más.
La energía mareomotriz tiene la enorme ventaja de que su potencial no se afecta por sequías o por el asolvamiento con las inundaciones. Su génesis solo depende de la interacción gravitacional entre la Tierra, la Luna y el Sol. Por lo tanto, desde la perspectiva humana es una fuente inagotable, permanente, constante y armoniosa con la naturaleza.





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